¿Cómo se debe gestionar una playa? Cuidando Olas 4/4

Como vimos en artículos anteriores, para la correcta gestión es necesaria una ordenación previa que contemple tanto la parte natural como la social, turística y deportiva, y cuando se trata de playas y Surfing, el medio físico establece un marco mediante sus elementos y procesos. Al igual que uno no surfea en playas sin olas o una pequeña cala no puede dar cobijo a miles de personas;  la presencia de olas induce la práctica del Surfing y el tamaño de la playa indica su capacidad máxima de carga.

Bajo esta premisa, es indispensable realizar un estudio natural y social de conjunto que sirva de herramienta para una gestión donde la conservación y la sostenibilidad natural prevalezcan, ya que si no se conserva adecuadamente el elemento a usar, la playa, su ordenación y gestión nunca serán efectivas.

En cuanto a la práctica de Surfing, los procesos y elementos naturales más destacados a estudiar, que no son los únicos, son los rompientes, las corrientes y en particular las olas. Como vimos, éstas son diferentes en cada playa y en consecuencia las capacidades, el tipo de práctica de Surfing o incluso las ocupaciones de una escuela dando clase son distintas. No se ocupa el mismo espacio en una playa de orilleras cortas que en una de olas largas. A su vez, en una misma playa puede haber rompientes más tranquilas, idóneas para aprender, y rompientes de mucha calidad en las que un aprendiz más que aprender seguramente moleste. Pero es la propia dinámica natural de la playa la que establece esta capacidad y distribución de rompientes, y ordenar sin contemplar este marco natural va en contra de la sostenibilidad y la conservación. 

Una vez analizado y estudiado este marco natural, es igualmente necesario estudiar, mediante la participación y el análisis social, qué procesos y dinámicas sociales se vinculan con este marco natural y qué objetivos se buscan alcanzar en cada playa. 

Toda la información obtenida en el estudio natural y social supone el pilar básico para las propuestas de ordenación y la aplicación de una gestión adecuada. Pero el proceso no debe parar ahí, ya que tanto la variabilidad natural como la social, exigen una actualización, es decir, un nuevo análisis de los efectos de la gestión escogida para ver si se ajustan a la premisa de conservación y sostenibilidad en lo que sería un proceso retroalimentado. El clásico esquema de prueba-error-prueba, ante la escasa casuística existente por tratarse de un fenómeno nuevo, se nos antoja absolutamente necesario.

Lo cierto es que la gestión de la playa y los rompientes donde trabajan las escuelas de surfing se encuentra fuertemente condicionada por su condición de dominio público marítimo terrestre y, como consecuencia, por el alto grado de intervención de las Administraciones Públicas competentes, estas son, fundamentalmente, Estado y Ayuntamientos, y por su carácter finito (limitado), por lo que la potestad interventora de estas Administraciones está absolutamente justificada.

 

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